Tag Archives: Psicoterapia

La tiranía de los promedios

En su Informe Trimestral de Empleo del mes de Junio el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile determinó que el ingreso mensual promedio de los trabajadores del Gran Santiago, alcanza los 540 mil pesos. Destaca en dicho informe que un 20% de la muestra encuestada reporta ingresos mensuales superiores a este promedio siendo que, por otro lado, el 50% del total se ubica bajo dicho promedio. Dichos resultados son sin duda llamativos y preocupantes y grafican las grandes paradojas que vivimos en Chile en momentos donde estamos ad portas del alcanzar el tan mentado desarrollo. Por otro lado, cabe preguntarse cuál será el ingreso mensual promedio de quienes no son representados en estas cifras por no tener un contrato formal y dentro de los cuales encontramos a quienes viven en carne propia y de forma cotidiana la realidad de tener que alimentarse con 2 mil pesos diarios. Si bien estas personas cuentan ahora con un libro de cocina -proveído por el Estado- para poder hacer una gestión eficaz de su miseria, queda pendiente poder conocer estas cifras y describirlas ya no en términos de promedio sino a la luz de otros indicadores que permitan dar cuenta de las brechas de equidad que han ido creciendo en nuestro país en los últimos 20 años.

Continuar lectura
Estos resultados “locales” que nos entrega el Centro de Microdatos hacen eco a una situación mundial que se ha ido agudizando y que permite que, en la actualidad, y producto del modelo social y económico vigente, el decil más rico del planeta posea el 85% del capital mundial mientras la mitad de toda la población mundial se reparte el 1% de este mismo capital. Considerando las consecuencias socioeconómicas, culturales y de salud que genera, aquello representa un claro ejemplo de una desigualdad insultante cuyas consecuencias en términos de inequidad son fácilmente deducibles si se considera que el dinero regula en muchas ocasiones el acceso, la frecuencia y la calidad del acceso al “desarrollo”, a la “modernidad”, a la salud, la educación y el ejercicio pleno de las libertades básicas de cualquier ser humano. En América Latina, la situación no es diferente toda vez que, a pesar de los avances a nivel macroeconómico se observa a nivel interno una enorme brecha social que ha ido agudizándose con el correr de los años: a modo de ejemplo, baste con señalar que la desigualdad en la distribución de ingresos se ha ido agudizando desde una relación de 30 a 1 a favor del quintil con mayores ingresos en 1960 a una relación 74 a 1 para el año ’97 a favor del mismo quintil (Sen, A.; Kliksberg, B. 2007). Estos datos sugieren que conforme el paso de los años los países han avanzado en términos promedio con diferencias internas abismantes y con una polarización interna a cada vez más fuerte. Lo que opera entonces es una dinámica de intercambios económicos y sociales que producen diariamente más y más inequidad: por un lado los países que avanzan lo hacen en términos promedio y, por otro, a nivel interno la mayoría de ellos involuciona y las brechas sociales se acrecientan. En este sentido, es posible afirmar que los análisis estadísticos de tendencias centrales han invisibilizado la realidad de millones de personas que experimentan la violencia de la exclusión, la agudización de las brechas sociales, la precarización de sus empleos y el deterioro de su salud mental; en suma: desigualdades e inequidades a cada vez más marcadas y a cada vez menos soportables.

Considerando lo anterior parece urgente reflexionar acerca de lo que estamos dispuestos a poner en juego en pro del desarrollo de modo que éste sea reflejo de un crecimiento a escala humana y no el producto de ecuación numérica descarnada. Tal como sugiere Pakman, es necesario mantener un componente reflexivo en nuestra práctica diaria como psicólogos a efecto de poder mantener el foco en las personas y sus necesidades más allá de las practicas discursivas que regulan nuestro operar y transforman muchas veces a dichas personas en objetos de un determinado “procedimiento” o protocolo de acción sin considerar su realidad, necesidades y códigos propios. Es necesario entonces (re)pensar nuestra propia práctica profesional desde una lógica de equidad que promueva por ende mayores grados de justicia social. Sin embargo, antes de aquello es necesario reconocer y enfrentar los dilemas que nos plantea a diario la ideología de la salud sin caer en sus tentaciones y estando conscientes de sus huellas sutiles en las filigranas de nuestra conciencia.

En concreto no podemos olvidar y es de hecho necesario poner de relieve que el ejercicio de la psicología clínica en Chile es en sí mismo una práctica profesional que responde de modos diferentes a los requerimientos de las personas en función del estrato social al cual pertenecen. Baste con señalar las diferencias abismantes que existen por ejemplo entre la Salud Pública y la Privada tanto en términos de acceso como en calidad de atención pero también en lo referente al grado de especialización de sus profesionales y de los ingresos que percibimos por hora dependiendo del sector (público o privado) donde nos desempeñemos. En este sentido, si no queremos operar ciegamente, haciendo ‘todo los cambios posibles dadas las circunstancias’ logrando, de este modo, que todo siga igual, debemos entonces apuntar a los determinantes estructurales del sistema de libre mercado que produce como una parte central de su funcionamiento grados crecientes de polarización, pobreza, vulnerabilidad y exclusión. Y, justamente el problema es que estos “determinantes estructurales” no se encuentran concentrados en alguna maquinaria perversa que represente a una suerte de entidad externa concreta, al contrario, se encuentran diseminados y se expresan en los modos en que significamos nuestra práctica profesional, en los modos en que entendemos al sujeto y sus dolencias y en la manera en que definimos y delimitamos la naturaleza, los propósitos y focos de nuestras intervenciones. Para ello, parece sensato escuchar lo voz, el relato y las vivencias de quienes serán o son el objeto de nuestro quehacer y quedan, sin embargo, muchas veces silenciados en cifras y porcentajes que no dan cuenta de aquello. Estamos hablando de historias de vida, de relatos de lucha, crónicas personales que dan cuenta de cómo se vive o sobrevive en determinados contextos y permiten dar sentido a la cifra estadística. Estamos hablando por ejemplo de la realidad concreta de la Violencia Intrafamiliar, de los relatos de vida de los Migrantes, de todos estos logros y fracasos, dolor y alegrías que permiten producir y usar la evidencia científica de un modo adecuado. Estamos hablando, finalmente, de una mirada más sensible a las personas y sus relaciones, que reconoce el rol de cada uno de nosotros en esta gran orquestra social, que evita juzgar a primera vista y desde códigos y referencias desplazados; vale decir, códigos y referencias de nuestros propios y más directos espacios de interacción que producen este silenciamiento del otro y le quitan con ello su legitimidad de ser. Como psicólogos, formados en el área de las Ciencias Sociales conviene mantenernos siempre con un ojo puesto a la vera del camino, / al borde del pantano, / en la caletera de las autopistas, / En las caletas, debajo de los puentes, / a las cuatro de las mañana en esquinas de dudosa reputación, / entre la canalla, el lumpen, las putas y los prostitutos, / frente al mejor de los mundos posibles, / justo ahí, del otro lado: en la realidad de los hechos. (Miguel Ángel Salinas).

Recuerdo al respecto conmovedoras historias con jóvenes en situación de calle y sus relatos de cómo llegaron a la calle, ya sea viniendo del Norte de Chile buscando a sus padres o siendo recogidos por alguna persona del mismo modo que se recoge cualquier otro ser vivo. Más allá de la crudeza de estos relatos, más allá de lo sórdido de algunos espacios de vida siempre se podía ver el brillo de una persona buscando vínculos, relacionándose con su entorno de una u otra forma, participando en nuestro presente y buscando una salida para sentirse mejor en un espacio en el cual somos partícipes y muchas veces artífices involuntarios de dichas situaciones de pobreza, vulnerabilidad y exclusión. Recuerdo asimismo los sueños de estos jóvenes, sus expectativas y lo difícil que se nos hace a veces poder comprender estos sueños y respetarlos.

Si volvemos al motivo inicial de esta columna, cae de suyo, a mi juicio, la necesidad de liberarse de “la tiranía de los promedios”. Como país hemos heredado de la dictadura una constitución política que distorsionó la esencia de la Salud como un derecho y la transformó en un bien de consumo y relegó al sujeto social a su condición más disminuida: el individuo, vale decir, una persona con el menor lazo social posible. De vuelta a la democracia hicimos lo que pudimos “en la medida de lo posible” y, veinte años después nos encontramos con que la mitad de la población trabajadora del Gran Santiago no se acerca siquiera al promedio de ingresos mensuales del conjunto. Junto con ello, bien sabemos que si calculamos los ingresos per capita de cada miembro familiar la brecha social aumenta a un nivel francamente inhumano. Dado aquello, ¿no será ya hora de pensar de qué modo participamos en las prácticas discursivas que erigen nuestro presente? ¿No debiéramos acaso poner al centro de nuestra práctica profesional a las personas y sus relatos de vida? ¿No será hora de revisitar conceptos tales como la dignidad, la ética o la equidad en nuestro quehacer profesional diario?

¿Qué ocurre después de terminar el tratamiento de psicoterapia?

Fuente: APA Help Center, 2016 Probablemente, usted visita al médico para hacerse controles periódicos. Puede hacer lo mismo con el psicólogo. Tal vez sea recomendable volver a reunirse con el psicólogo en un par de semanas o un mes después de concluir la psicoterapia, sólo para reportar cómo le va. Si todo marcha bien, podría dar por concluido el tratamiento en esa misma sesión de seguimiento. Además, no piense que la psicoterapia tiene una fase inicial, intermedia y final. Usted puede resolver un problema para luego encontrar una nueva situación en su vida y sentir que las destrezas adquiridas en el último curso de tratamiento necesitan ciertos ajustes. En ese caso, sólo tiene que volver a ponerse en contacto con el psicólogo. Después de todo, ya conoce su historia. Por supuesto, no tiene que esperar a una crisis para ver nuevamente al psicólogo. Tal vez necesite una sesión de “refuerzo” para afianzar lo que aprendió la última vez. Considérelo como una revisión de su salud mental. Fuente: APA Help Center, 2016

¿Cuánto debe durar el tratamiento de psicoterapia?

Fuente: APA Help Center, 2016

La duración de la psicoterapia depende de varios factores: el tipo de problema o trastorno; las características y antecedentes del paciente; los objetivos del paciente; qué ocurre en la vida del paciente más allá de la psicoterapia.

Algunos sienten alivio al cabo de una sola sesión. Reunirse con el psicólogo puede dar una nueva perspectiva, ayudar a ver las situaciones de forma diferente, y ofrecer alivio al dolor. Muchos encuentran algún beneficio después de unas cuantas sesiones, especialmente si se trata de un problema único y bien definido, y no han esperado demasiado antes de buscar ayuda.

Por ejemplo, si ha estado padeciendo de ansiedad extrema, podría sentirse mejor por el simple hecho de estar tomando medidas al respecto, una señal de esperanza en que las cosas cambiarán. El psicólogo también podría darle una nueva perspectiva en las primeras etapas de su tratamiento, que le proporcionará una mejor comprensión de su problema. E incluso, si éste no desaparece al cabo de unas cuantas sesiones, puede sentirse confiado en que ya está progresando y adquiriendo nuevas destrezas para enfrentar el problema que le serán de gran utilidad en el futuro.

Otras personas y situaciones necesitan más tiempo — tal vez uno o dos años — para disfrutar de los beneficios de la psicoterapia. Es posible que hayan sufrido serios traumas o confronten múltiples problemas. Quizás no tengan muy claro qué es lo que les hace infelices. Es importante seguir el régimen de psicoterapia el tiempo suficiente para darle la oportunidad de funcionar.

Las personas con enfermedades mentales graves u otros cambios importantes en sus vidas podrían necesitar psicoterapia continua. Las sesiones periódicas pueden proporcionar el apoyo necesario para mantener el buen funcionamiento cotidiano.

Otras personas continúan las sesiones de psicoterapia, incluso después de resolver los problemas que las llevaron inicialmente a buscar tratamiento. Esto se debe a que siguen disfrutando de una mejor comprensión de la vida, un mayor bienestar, y funcionan mejor.

Fuente: APA Help Center, 2016

¿Y si la psicoterapia no parece funcionar?

Fuente: APA Help Center, 2016

Probablemente, cuando comenzó sus sesiones de psicoterapia, el psicólogo trabajó con usted en la creación de objetivos y de una cronología general del tratamiento. Es recomendable que, en la medida que avanza, usted se pregunte si el psicólogo lo entiende, si el plan de tratamiento es lógico, y si siente que progresa.

La mayoría de las personas comienza a sentirse mejor luego de seis a doce sesiones. Si no comienza a ver señales de progreso, dígaselo al psicólogo. El psicólogo puede iniciar una conversación acerca de lo que se debe hacer. Si no lo hace, propóngaselo. Por ejemplo, usted puede preguntarle al psicólogo sobre posibles métodos alternativos de tratamiento. En ocasiones, hablar claramente con el psicólogo puede ser muy fortalecedor, especialmente porque éste, en vez de ofenderse por su planteamiento, será comprensivo e imparcial.

Tenga en cuenta que, en la medida que progresa la psicoterapia, usted pudiera sentirse más abrumado, enojado, triste o confundido que al inicio del proceso. Eso no quiere decir que la psicoterapia no está funcionando. Por el contrario, puede ser una señal de que el psicólogo le está obligando a confrontar verdades difíciles o a acometer la ardua tarea de hacer cambios. En tales casos, esas emociones fuertes son señal de crecimiento, no de estancamiento. Recuerde que las situaciones pudieran parecerle que empeoran antes de mejorar definitivamente.

Por supuesto, en algunos casos, la relación entre el paciente y el psicólogo no es tan buena como debería ser. El psicólogo debe estar dispuesto a resolver también ese tipo de problemas. Si le preocupa la forma en que el psicólogo diagnosticó sus problemas, podría ser útil una segunda opinión de otro psicólogo, siempre y cuando lo sepa el psicólogo con quien comenzó el tratamiento.

Si la situación no mejora, usted y el psicólogo podrían decidir que es hora de que comience a trabajar con otro psicólogo. No piense que es un problema personal. No se trata de usted, sino sólo de una falta de compenetración. Y como la alianza terapéutica es tan crucial para la efectividad de su psicoterapia, es necesaria una compenetración idónea.

Si decide cambiar, en vez de no visitar más la consulta de su psicólogo original, dígale a éste que no va a seguir el tratamiento y por qué. Un buen psicólogo le referirá a otro colega, le deseará buena suerte y le exhortará a no abandonar la psicoterapia simplemente porque no le fue bien en un primer intento. Hágale saber al nuevo psicólogo qué fue lo que no funcionó para garantizar una buena alianza terapéutica.

Fuente: APA Help Center, 2016

¿Cómo funciona la psicoterapia?

Fuente: APA Help Center, 2016

Un tratamiento exitoso es el resultado de la combinación de tres factores:

  1. Tratamiento basado en evidencias y adecuado a su problema.
  2. Conocimientos clínicos del psicólogo.
  3. Características, valores, cultura y preferencias del individuo.


A menudo, cuando la persona comienza un tratamiento de psicoterapia, siente que su desasosiego no tiene fin. La psicoterapia ayuda a las personas a comprender que pueden tomar medidas para mejorar su situación. Esto conduce a cambios que fortalecen el comportamiento saludable, ya sea mejorando las relaciones humanas, expresando mejor las emociones, logrando un mayor rendimiento en el trabajo o la escuela o ayudándole a pensar de forma más positiva.

Si bien algunos conflictos y problemas responden mejor a un estilo particular de terapia, la alianza y la relación entre usted y el psicólogo siguen siendo factores vitales e importantes.

Fuente: APA Help Center, 2016

Estamos a su servicio

Podemos dar apoyo a su necesidad, solicite una hora y le orientaremos hacia la solución mas adecuada para su situación.

Agendar una Hora